26.06.2020

Hacia un control más preciso de la gestión del riego

Autor: Jose María Buitrago

La agricultura es la actividad económica que ejerce la mayor presión sobre los recursos hídricos disponibles a nivel mundial. El transporte, distribución y puesta a disposición del agua destinada a la actividad agrícola demanda una gran cantidad de energía que representa una parte importante del gasto económico requerido para garantizar la producción.

El aumento de la conciencia ecológica, el incremento de precio en las tarifas eléctricas y la cada vez menor disponibilidad de agua, tanto en calidad como en cantidad, conllevan a la búsqueda de soluciones que favorezcan un uso eficiente del agua y la energía en aplicaciones de riego agrícola.

Esta eficiencia en el uso del agua y la energía, se define como “la habilidad de lograr los objetivos productivos establecidos, empleando la menor cantidad de agua y energía posible”. Un sistema productivo más eficiente permite conseguir los mismos resultados invirtiendo menos recursos.

El riego localizado es el sistema de riego que permite un mayor rendimiento productivo y económico y por tanto, el que mejores valores aporta de los índices asociados a la actividad productiva.

La práctica de riego localizado, como parte responsable de la cantidad, calidad y uniformidad del producto agrícola con valor comercial, permite obtener una mayor producción por unidad de volumen de agua consumida (kg/m3), junto con una menor cantidad total de energía requerida para el transporte del agua y nutrientes a las plantas (Kg/Kwh).

¿Estamos realmente dispuestos a optimizar al máximo el agua y la energía?

De nada sirve optar por el sistema de riego más eficiente si no se tienen en cuenta los criterios más adecuados en la fase de diseño de la instalación, en la práctica de riego y en las labores de mantenimiento del sistema.

Criterios desde el punto de vista de ingeniería de aplicación:

  • Diseño hidráulico de la instalación de campo que permita:
    • Reducir los requerimientos de presión de operación y por tanto de energía destinada al transporte, distribución y puesta a disposición de la planta.
    • Alcanzar una alta uniformidad en la distribución espacial de presiones en el área de riego que permita unificar los caudales y, por tanto, los volúmenes de agua que recibe la planta.
    • La selección de equipos de filtración con activación del proceso de autolimpieza de forma autónoma, con bajos requerimientos hidráulicos para realizar la autolimpieza y una alta eficacia en el proceso de retención de sólidos.
    • La selección de equipos de fertirrigación con capacidad de realizar la inyección simultánea de todos los fertilizantes y con control de los valores de pH y CE para garantizar la máxima disponibilidad y asimilación por parte del cultivo y minimizar las pérdidas por bloqueo o lixiviación.
  • Práctica de riego:
    • Realizar una práctica de riego acorde a los valores nominales de diseño, evitando desviaciones que puedan alterar la uniformidad de agua determinada en la fase de diseño.
    • Disponer de un control autónomo de la práctica de riego que permita adaptar el momento, duración y periodo entre riegos mediante la toma de decisiones basada en la información registrada en tiempo real por sondas y sensores conectados de forma directa al programador.
    • Posibilidad de aporte de nutrientes mediante la práctica de fertirrigación altamente fraccionada con aportaciones realizadas en base al objetivo productivo deseado y los niveles de extracción por parte de la planta.
  • Mantenimiento del sistema de riego.
    • Establecer un protocolo de inspección que permita, mediante las labores de mantenimiento adecuadas, garantizar que todos los elementos funcionales se encuentren dentro del intervalo y condiciones de operación determinadas en la fase de diseño del sistema.

 

No considerar estos criterios genera una deficiente uniformidad de aplicación espacial y temporal de agua por parcela. Ante esta situación, se debe tomar una decisión estratégica para establecer las pautas de riego. Es necesario decidir si se va a suministrar agua de forma precisa a las áreas con suministro más favorable o si se va a aumentar la dotación de agua a todo el área del sector de riego para que las áreas que reciben una menor dotación de agua no presenten síntomas de déficit hídrico.

El empleo de drones, junto con el empleo de sensores y sondas, como herramientas de monitoreo permite conocer la distribución espacial del estado hídrico y sanitario de los cultivos.

Estas herramientas no solo logran crear un diagnóstico de la situación en la que se encuentra una determinada área de riego, sino que, además, deben ser utilizadas como herramientas de diseño,  para identificar y unificar áreas de características similares y establecer nuevas pautas de diseño que permitan aportes de agua precisos para una respuesta uniforme del cultivo.

Es responsabilidad compartida de todos los profesionales del sector concienciar a todos los actores implicados en el uso eficiente de los recursos destinados a la actividad productiva y, además, informar al consumidor de los recursos destinados a la producción para que pueda decidir su mayor o menor contribución a la huella hídrica y huella de carbono generada.

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