Viña

La vid es un arbusto caducifolio que pertenece a la familia de las Vitáceas. Su nombre científico es Vitis vinífera. Su importancia económica se debe al fruto, la uva, utilizada tanto para consumo directo como fermentada para producir vino.

El cultivo de la vid se expande hoy día por las regiones cálidas de todo el mundo, en especial en Europa Occidental, los Balcanes, California, Australia, Sudáfrica, Chile y Argentina, donde están bien definidas las cuatro estaciones del año.

Gracias a su amplia experiencia, AZUD pone a disposición del agricultor la solución agronómica más interesante y que garantice una mayor productividad para el cultivo de vid, teniendo en cuenta las necesidades y recursos disponibles en cada caso.

 

Exigencias edafoclimáticas (Exigencias de clima y suelo).

La vid se adapta a gran diversidad de terrenos. Debido a que existe una amplia gama de porta injertos, la vid puede cultivarse en zonas de gran exigencia. La disponibilidad de materia orgánica en el terreno se considera un factor de gran importancia. Un suelo con valores inferiores al 1.5% es considerado pobre en materia orgánica para el cultivo de la vid, y porcentajes superiores al 2.5% se consideran ricos en este sentido.

La especie es propia de zonas templadas donde no se dan temperaturas medias anuales inferiores a los 9ºC. Se adapta a un amplio rango de temperaturas, desde los -20ºC hasta los 35ºC. Valores más extremos pueden dañar gravemente a la planta. La temperatura óptima para un buen desarrollo del cultivo se encuentra entre los 25 y 30ºC.

Las horas de exposición solar son determinantes para conseguir la acumulación de azúcares en el fruto. La acumulación de horas de frío necesarias para un buen desarrollo de la vid se encuentra entre las 150 y 600 horas.  Una deficiencia en horas de frío puede dar lugar a cosechas pobres, tardías y de mala calidad.

Gracias a la gran variedad de patrones existentes hoy día en el mercado, el cultivo de la vid es posible en un gran rango de tipos de suelos en cuanto a pH y texturas se refiere.

 

Marcos de plantación.

La densidad de siembra se ve influenciada por factores como la topografía del terreno, su potencial, el vigor del cultivar, el riego, el sistema de conducción, la fertilización y la poda. La disposición más utilizada en la mayoría de los viñedos de los principales países productores es en línea. El marco de plantación recomendado es de 2.5-3 m. entre líneas y de 0.5 a 1.5 m. entre plantas, lo que supone unas densidades entre 4.000 y 2.200 plantas por hectárea. El marco de plantación recomendado en uva de mesa es 4×4 m. siendo la densidad de plantas de 625 plantas por hectárea.

Se recomienda que la disposición de las filas sea siempre a favor de los vientos dominantes de la zona, siendo la más adecuada la orientación Norte-Sur. La siembra de vides de raíz desnuda ha de hacerse en invierno mientras que cultivadas en contenedor pueden plantarse en cualquier estación del año.

 

Riego.

La cantidad de agua aplicada depende de la capacidad de retención de agua del suelo, de la eficiencia del sistema de riego y de la profundidad de las raíces.

La vid se muestra muy resistente a largos períodos de sequía, ya que tiene un sistema radicular profundo. Sin embargo, en condiciones de fuerte sequía puede producirse una pérdida de producción y calidad, por lo que el riego es indispensable.

A pesar de ser un cultivo tradicionalmente de secano, la aplicación de riego en viña se traduce en un mayor crecimiento de las plantas y aumento de la producción. Así mismo, la planta queda lo suficientemente preparada para garantizar la producción del próximo año, y evita cualquier tipo de estrés a la vid que pueda ocasionar mermas en su rendimiento. El riego tiene efectos beneficiosos siempre y cuando se maneje de forma adecuada, para ello, es necesario conocer cuánto y cuándo regar. Entre los efectos favorables se pueden destacar los siguientes:

  • Aumento importante de tallos anticipados y del porcentaje de racimos.
  • Aumento del número de hojas y evita su caída prematura.
  • Adelanta la formación de la cepa y por tanto la entrada en producción.
  • Favorece la iniciación floral.
  • Aumento de la cosecha por un mayor peso y número de uvas.
  • Mejora de la calidad del fruto con un riego adecuado.

Los beneficios obtenidos en cultivos abastecidos por un sistema de riego por goteo bien diseñado son muy superiores (llegando en ocasiones a ser el doble) frente a cultivos de secano en ambientes muy secos. Con la temperatura y humedad adecuadas se puede llegar a obtener un incremento del rendimiento en torno al 20%. Un rendimiento medio puede estimarse en el rango 9 – 12 toneladas por hectárea.